Una tarde fui a una pajarería con mi hermano y mi mamá. Compramos dos pequeños pajaritos y mi abuela nos regaló una jaula preciosa. Mi hermano Miguel le puso de nombre Sol al suyo y yo Luna al mío.
Cuando llegaron a casa les enseñamos su nuevo hogar y se pusieron muy contentos a cantar: ¡pío, pío, pío! Cada tres días hay que limpiarles la jaula y darles de comer y beber.
(Mariam Martínez)

¿De qué color eran los pajaritos y cómo era jaula?